ESOPO CHILE

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente

Concertación: cambio o derrota

E-mail Imprimir PDF
Germán Correa

Que no se diga que no hay tiempo para crear una nueva coalición progresista. En 1988 nos llevó sólo un mes concretar el acuerdo fundacional de la Concertación. La voluntad política creará el tiempo necesario. Cambio radical ahora o derrota, ese es nuestro dilema. Todo lo demás es autoengaño.

 Los resultados de la primera vuelta electoral marcarán, sin duda, un punto de inflexión política mayor en el país, cualquiera sea su resultado final el 17 de enero. Las pasadas elecciones demostraron que el progresismo sigue siendo la mayoría nacional, aunque, esta vez, se expresó dividida entre las candidaturas de la Concertación, la de Marco Enríquez-Ominami y el Juntos Podemos.

La Concertación debe admitir que ha perdido la hegemonía sobre esa mayoría, la que ostentó por 20 años. Si no lo hace y no actúa en consecuencia, se acrecentarán las probabilidades de que en enero enfrente una derrota. No obstante, hasta este momento, la dirigencia concertacionista no se ha mostrado dispuesta a asumir esta realidad, por las declaraciones que hemos escuchado y las conductas observadas.

No hay que hacerse ilusiones: MEO y sus adherentes no darán el paso de llamar a votar por Eduardo Frei. Ellos han quedado sin plataforma desde donde hacer política nacional para seguir promoviendo sus propuestas. Sólo les queda constituirse como un nuevo movimiento o partido para no desaparecer.

Para ello, no pueden simplemente llamar a votar por Frei y diluir, de esta forma, el capital político que han logrado. Para sus dirigentes es cuestión de supervivencia política y de dar sentido a la ruptura que hicieran hace unos meses.

Es hora, entonces, de dar un giro dramático si queremos que las mayoritarias fuerzas progresistas puedan seguir conduciendo el país. Es hora de que la Concertación de los 90 reconozca que su ciclo histórico ha culminado. Su deber, ahora, es abrir paso a la expresión de esa nueva mayoría nacional, en el marco de la segundo vuelta presidencial. Para ello, no basta con que el candidato recoja una u otra propuesta programática de esos sectores para consolidar un entendimiento que tenga sentido ético, político y estratégico.

Lo que se requiere, más bien, es que Frei, con el apoyo de los partidos de la Concertación, convoque a la formación, ahora mismo, de una nueva coalición progresista, en que participen con carácter de aliados y en igualdad de condiciones la coalición oficialista, las fuerzas de MEO y Juntos Podemos. Se debe acordar una plataforma programática realmente renovada para el nuevo gobierno, en el cual todas estas fuerzas compartirían responsabilidades, con iguales derechos.

Es vital que sean esos tres actores los que concurran a esta nueva coalición, para poder modificar efectivamente aquellas dinámicas negativas que se han venido asentando en la Concertación y que son el objeto del cuestionamiento de quienes se han apartado de ella.

Sólo así será posible que todos quienes votaron por otras opciones progresistas el pasado domingo puedan votar en enero por Frei con plena consecuencia y tranquilidad de conciencia. Ello otorgará, además, sólida credibilidad al discurso del candidato de unidad de las fuerzas progresistas para enfrentar a la derecha. Sólo esto permitirá asegurar el triunfo en segunda vuelta y con un sentido que vaya más allá de un mero acuerdo electoral. Frei tiene la palabra.

Que no se diga que no hay tiempo para concretar una decisión de esta naturaleza. En 1988 nos llevó sólo un mes concretar el acuerdo fundacional de la Concertación. La convicción y voluntad política que se pongan tras este objetivo crearán el tiempo necesario. Asimismo, más allá de las críticas que pueda hacerse a los presidentes de partidos, su responsabilidad hoy es liderar este gran giro histórico que el progresismo necesita. Cambio radical ahora o derrota, ese es nuestro dilema. Todo lo demás es autoengaño.

18/12/2009